Diciembre pasado, sábado, tres o cuatro de la tarde. La pobre de mi mujer está moliendo, la nanny me acompaña a dar una vuelta con mis niñas por el Weihnachtsmarkt (mercado navideño) en la cámara de comercio indo-alemana en Nueva Delhi. Dejo a mi hijita mayor con su niñera jugando solas, mi niña intentando despedazar lo que encuentra por delante, la nanny corriendo tras ella, tratando de evitar estragos.Cargando a mi otra bebé en su Babybjörn voy a un puesto de bebidas y pido un vino caliente.
Una mujer de cabello rubio canoso se acerca a nosotros y dice (con acento alemán no exactamente despreciable): »What a beauty.«
Hago un guiño y sonrío. »Who?«, le pregunto. Sigo sonriendo, solo.
»How old?«, me pregunta, mientras le hace señas al resto de la familia, para que vengan a ver al monito exótico bebé.
»Tres meses«, le respondo. Esta vez en alemán.
»My Goodness. Sooo big« A continuación le cuenta a sus dos niños y a su esposo que mi ángel tiene tres meses. En alemán. Los saludo a todos (aunque suene redundante, en alemán), al marido lo he conocido tres o cuatro veces en diferentes recepciones a las que mi esposa me lleva, para que mi vida social no sea cero y no termine metiéndome un tiro. El hombre me mira, frunce el ceño y se presenta con nombre, apellido y cargo. Sonríe y deposita su tarjeta de presentación en mi mano, cerrándola suavemente con su mano derecha, dándome a continuación una palmadita en el hombro. Suspiro y me tomo un trago de vino. Y guardo la tarjeta en el bolsillo trasero del pantalón.
»And what is her name?, pregunta la mujer.
»Eva Braun«, le respondo. La matrona y su esposo me miran atónitos. Sonrío. »Anna Sophie«, corrijo.
»Dios mío, tiene nombre alemán,« dicen los dos en coro…en inglés.
»La mamá es alemana«, respondo - adivina en qué idioma les respondí? »Y yo viví casi veinte años en Munich y Berl…«, intento decir. En vano, nadie me escucha.
»Okay darling, good bye and merry Christmas«, me desea la pareja, mientras que, uno por uno, padres e hijos, le apachurran los cachetes a mi bebé quico.
»Gracias. Lo mismo les deseo«, respondo.
»Escuchaste?«, le pregunta la mujer a su cónyuge, »habló este muchacho en alemán?« El hombre se rasca la cabeza, voltea la mirada un segundo hacia mí, disiente con la cabeza y hace jeta de sobrador boca de chupete. La familia se aleja…
… Mi ángel mayor llega gritando y pataleando, porque su Nanny no le quiso comprar una Bratwurst mit Ketchup. So ein Scheiß.




























