szmmctag

  • Sin leche...

    Para los que odian a Bogotá y solo esperan el día de llegar a Old Germany:

    acaba de irse la jermu pa'l aeropuerto y me quedo solo con mis alacrancitos. De repente se queda una dormida frente a la niñera de 42" y la otra me grita dulcemente: quiiieero cacaoooo! Aber sofort!!! Siento escalofrío y corro a la cocina.
    Abro la nevera. Mierda, ni un sorbo 'e leche. Y ahora? Busco el teléfono (mientras lo encuentro pienso que haría ante esta situación a las 6 o 7 pm en un pueblito bávaro...mhhh, correcto: como el ternero...).
    Encuentro el teléfono y marco a la tienda. Mientras contestan sigo pensando que haría en Baviera (esperar que el alacrán chiquito despierte, mamarme la gritería de ambas, una con hambre y la otra recién despierta y también con hambre, enchaquetarlas-enguantarlas-enbufandarlas-enbotarlas-etc., und dann... meter a la una en el cochecito y cargar a la otra hasta el paradero, donde esperaría más de 25 minutos al bus que me llevaría hasta el Bahnhof más cercano, y rogarle a Diosito que en el imbiss turco tengan leche...).

    ... "Aló? Cigarrería Dónde Oscar, a la orden."... Buenas Don Oscarito... es que se me acabó la leche y nec....

    Diez, máximo doce minutos más tarde están mis gorditas echadas sobre mi canto, tomando su cacao y matando pájaros malgeniados (ojo, no me refiero a nadie de la familia) y mientras tanto yo me dedico a ver la repetición de los goles de la DFB-Pokal... y a relajarme...
    Pucha, was für ein Leben:-)

  • delhi belly (español)

    »Hombre, que no tengo ganas de ver a esa tonta.«
    »Pero si es lo más de amable, solo un tricito re-enamorada de la India«
    , me responde mi esposa.
    »Una típica rubia loca fanática de la India, pero no una de las amables, sino una anarco. Eso es lo que es. Y siempre la misma vaina: Me mira rayado, a mí me toca mirar al piso. La mujer me dice su opinión en la cara sin asco. Y yo? Ni modos, yo soy tu esposo y debo ser diplomático. Pero esta vez si no voy a tus reunioncitas pendejas, te lo juro!« Le clavo la mirada a mi mujer… y no se la quito…

    Dos horas más tardes me encuentro en compañía de cuatro artistas europeos y mi esposa en el café Coffe Day en el Khan Market. Tomando Espresso. Tres de ellos son muy bacanes y conversamos de cualquier pendejada. Y la cuarta? Correcto. Me mira rayado… y yo miro al piso… Schlampe.

    »Sabes una cosa?«, me pregunta repentinamente. »Me jodí el estómago«. Yo sonrío.
    »Pobrecita.«
    »Pero saben dónde me indigesté?«
    Todos la observan con compasión y curiosidad.
    Me imagino zorra que en uno de esos huecos que sueles frecuentar y donde por 50 centavos de euro te llenas la panza. Cuánto quisiera decirle esa y otras verdades… pero mejor sigo observándola y callo.

    »En el Oberoi.«
    »En el Oberoi?!«
    , pregunto más que asombrado. En uno de los hotels más costosos y bellos de Delhi, donde casi todo es importado y un mango lassi no cuesta menos de cinco o seis euros… Sí claro, semanas y semanas tragando y durmiendo por un par de centavos en la super-barata-y-alternativa-India y por el simple hecho de darle al final del viaje un lujo al pobre cuerpo que ya está hecho trizas, se le echa la culpa al sistema imperialista de la diarrea causada por las amibas & Co. incubadas a través de todo el viaje.

    »Tan raro, esa historieta la conozco de algunos foros sobre la India en Internet. Qué casualidad que a ti también te pasó, no cierto?!«, le pregunto, mientras le pico el ojo.
    Mi mujer se voltea y me mata con la mirada. Yo miro rapidito hacia el piso – y me cago de la risa sonrío. La (otra) estúpida sacude la cabeza, saca una botella medio sucia de su mochila y se va para el baño.

    Un par de minutos después regresa. Al verla recuerdo a Cher.

    »Mierda, mi estómago no quiere calmarse.«
    »Oye, qué tienes ahí?«
    Mis bellos ojos marrones no pueden creer lo que están viendo.
    »Agua fresca.«
    »Agua fresca?
    De dónde diablos sacaste „agua fresca“?!«
    »Pues de dónde va a ser? Del grifo en el baño.«

    La mujercita se sienta, toma un trago largo, larguísimo (sí, de la botella...), me da la espalda y continúa la charla con el resto de amigos. Yo me muerdo el labio inferior y frunzo el seño.

    »Te espero en el carro«, le digo a mi esposa.
    »Por qué te vas tan rápido viejo?«, me pregunta uno de los otros muchachos.
    »Ach, la úlcera hermano«, le respondo. Y me voy.

  • sala de chat (4. parte/final)

    (Info: Bajo cuentos/anécdotas se encuentra la histora completa)
    -/-

    Sábado, ocho de la mañana. A hurtadillas se dirige Klaus al baño y toma una ducha. Mamá aún duerme.
    Su look de fin de semana: Pantalón caqui hasta la rodilla, camisa beige de manga corta, sandalias de cuero, cachucha de la Ferrari, medias blancas, chaleco marrón. En su mochila del Bayern-Munich guarda un uniforme de fútbol y un balón. Klaus abandona la casa. La puerta se cierra violentamente. La Señora Hopf suspira, se da la vuelta y continúa durmiendo.

    4.

    »Señora Hopf? Señora Sabine-Elisabeth Hopf?«
    La mujer mira fijamente a los tres policías.
    »Qué quieren?«
    »Estamos buscando a su hijo Klaus.«
    »Klausito está en Brasil.«
    »Tiene su dirección?«
    »No.«
    »Hace cuánto tiempo se fue?«
    La anciana carraspea y clava la mirada en el carro de policía.
    »Qué sé yo? Tres, cuatro semanas. Y ahora déjenme en paz.«
    »Un momento doña Sabine. Aquí tiene.«
    La madre de Klaus ojea la orden de allanamiento. Y llora.
    »No observó nada extraño con su hijo?«
    »Mi ángel no hizo nada.«
    La vieja se desploma. El reloj Cucú da las once de la mañana. Una sicóloga se queda con la mujer. Las escaleras rechinan. Cuatro agentes suben apresuradamente hacia la habitación de Klaus…vacía, la cama recién tendida.

    Cuatro discos duros y noventa y seis CDs con más de trece mil fotos digitales son confiscadas. Y trece fotos impresas. Arrugadas y sucias.

    Ende

  • sala de chat (3. parte)

    Klaus Hopf: cuarentaycinco años, nacido en Munich, residente en Berlín. Ingeniero, poco cabello, casa de dos pisos en conjunto cerrado al noroeste de la ciudad, soltero, segundo lugar en las pasadas olimpiadas “inventos del nuevo milenio” en Hannover, tres PCs, anteojos redondos tipo lupa, dos cajetillas de cigarros al día, un Laptop, 5.000 euros de sueldo, siete controles remotos (equipo de sonido, home-cinema, exprimidor de naranjas, cafetera, entre otros). Color preferido? Actualmente amarillo - amarillo brasileño. Deportista fanático, 18% de grasa corporal. Amigos? Tres, más que amigos, colegas. Novia? Hm, siguiente pregunta. Amigas? Una, Sabine-Elisabeth.

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  • sala de chat (2. parte)

    Bienvenido a citychat. Ingrese sus datos.
    Alias: Hot_Torero_61.
    Clave: ****
    Enter.

    >> HT61? Dónde te habías metido toda la semana?
    >> Hola Berlinesa_Caliente_84. Trotando.
    >> Siete días corriendo?
    >> Sí. Hm, no, solo hoy. Hm. Olvídalo. Y tú?…me fuiste fiel todo este tiempo?
    >> Por supuesto papi.
    >> Así me gusta cosita rica. Y qué tal has dormido? Espero que solita.
    >> Lamentablemente sí. Pero a pesar de todo me divertí mucho.

    Punto y coma, guión, paréntesis de cierre.
    Klaus sonríe y devuelve el guiño. Enter.

    >> Supieras cuánto te he extrañado BC84.
    >> Ay, mi pequeño (nylon) fetichista. Qué te hizo falta?
    >> Muy graciosa. Más bien dime qué tienes puesto?
    >> Media pantalón negra. Rota...llena de huecos.
    Klaus se desabrocha el pantalón.
    >> Nada más?
    >> Nada, niente. Cero brasier, cero bragas. Nichts!
    >> Qué caliente me pones.
    >> Me alegra HT61. Ahora tú. Qué tienes puesto?
    >> Yo…?
    »Sr. Hopf, venga por favor un momento a mi oficina«.
    >> Que qué tienes puesto HT61?… Hot_Torero_61?
    »Claro Sr. Müller, termino el último folio de la presentación y enseguida estoy con Usted.«
    >> Hola, HT61, hoooola. Carajo, responde!

    Clic, clic, clic. Cierre de sesión exitoso. Gracias por su visita en citychat. Hasta pronto.

    Ctrl+Alt+Supr. Klaus se levanta, cierra el broche del cinturón y va corriendo a la oficina de su jefe. Claudia Schiffer queda como única testigo. Acostada en una playa de arena blanca. En tanga verde manzana y con cuatro banderas de Windows, que vuelan como gaviotas arco iris en medio de un cielo azul intenso. Y cómo logró Klaus programar un protector de pantalla tan particular? Ni idea. Ningún colega lo sabe. Compartir no ha sido una de sus principales cualidades.

    Continúa...

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